Después de la primera revelación en la cueva de Hira, donde el ángel ordenó "Lee" (Ikra) tres veces hasta revelar los versos iniciales del Corán (96:1-3), Muhammad salió temblando de miedo y corrió a su esposa Khadija bint Khuwaylid, pidiéndole que lo cubriera porque temía por su vida.
Khadija lo consoló destacando sus virtudes: buenas relaciones con parientes, ayuda a pobres, generosidad con invitados y asistencia a desdichados, reforzando su confianza con la regla de que Dios multiplica el bien hecho.
Ambos acudieron a Waraqa ibn Nawfal, primo anciano invidente de Khadija y monoteísta que rechazó la idolatría, posiblemente cristiano unitario. Waraqa identificó al ángel como el Namús que descendió sobre Moisés, predijo que el pueblo de Muhammad lo expulsaría como a otros mensajeros y prometió apoyarlo si vivía.
El relato enfatiza la veracidad por la confianza con Khadija, el shock vivido por Muhammad y cómo el Islam promueve comunicación familiar y retiros espirituales para introspección y fortalecimiento de la fe, como experiencia personal.
Waraqa falleció poco después.