En julio de 1977, tropas somalíes de Siad Barre invaden Etiopía por el desierto de Ogaden, reclamado por Somalia.
Moscú evalúa: Somalia geoestratégica pero Barre nacionalista con lazos a China y EE.UU.; Mengistu leal ideológicamente, erige estatua gigante de Lenin y cambia café por armas de la RDA de Erich Honecker.
Fidel Castro, tras reunirse con ambos, elogia a Mengistu como sincero marxista; Brezhnev opta por Etiopía, enviando armas por mil millones de dólares y 11.000 soldados cubanos según CIA.
El poderío aplasta al ejército somalí apoyado por Estados Unidos, otra victoria soviética que hunde la distensión, como escribió Zbigniew Brzezinski: se perdió en el Ogaden.
En Washington soplan vientos de cambio ante las derrotas africanas.