Jane limpia diariamente su casa en Zambia para evitar el polvo de plomo que contamina el aire, suelo y agua, protegiendo a su familia de los efectos devastadores del metal pesado décadas después del cierre de la mina.
Su hija Elizabeth y nietos sufren daños neurológicos graves, con debilidad constante y riesgos irreversibles por la exposición continua al plomo en el pozo de agua y los alimentos del huerto.
A pesar de usar cloro en el agua potable y evitarla para beber, Jane ve empeorar la salud de su hija y clama por ayuda económica del gobierno para mudarse a un lugar seguro con aire y agua puros.
La demanda contra Anglo American busca indemnizaciones para niños y mujeres vulnerables, mientras ex trabajadores como Matías y mineros artesanales como Simon Chimanga siguen expuestos y enfermos con altos niveles de plomo en sangre.