Irena Sendler, enfermera polaca, salvó a más de 2.500 niños judíos del gueto de Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial mediante una red clandestina. Utilizaba su acceso como asistente social para sacarlos escondidos en ambulancias, cajas de herramientas y sacos de papas, proporcionándoles documentos falsos y ubicándolos en hogares católicos, conventos y orfanatos.
Para preservar sus identidades, registraba los nombres reales y nuevas identidades en papeles guardados en frascos de vidrio enterrados bajo un manzano. Arrestada en 1943 por las SS, fue torturada pero no delató a nadie; condenada a muerte, escapó gracias a un soborno de la resistencia y vivió en la clandestinidad.
Tras la guerra, desenterró los frascos y entregó la lista a organizaciones judías para reunir niños con familias, aunque la mayoría de padres habían muerto en campos de exterminio. Su heroísmo permaneció anónimo hasta 1965, cuando Yad Vashem la reconoció como Justa entre las Naciones, y en 2007 fue nominada al Nobel de la Paz.
Irena Sendler, nacida en 1910 en Varsovia, aprendió de su padre médico a ayudar sin importar el origen. Falleció en 2008 a los 98 años y, al preguntársele por su riesgo, respondía que se lo enseñaron en casa. La sección Vidas que Inspiran la homenajeó en el Día Internacional de la Mujer.