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García Cuerva recomienda "Elogio de la Sed" en homilía sobre cansancio espiritual

Monseñor Jorge García Cuerva, Arzobispo de Buenos Aires, profundiza en su homilía durante la Santa Misa dominical en la Catedral Metropolitana sobre los distintos tipos de cansancio humano a partir del Evangelio de la samaritana en el pozo. Explica que Jesús, fatigado del camino, carga en realidad los cansancios de todos, según San Agustín, y muestra sed de los corazones humanos al pedirle de beber a la mujer samaritana, cargada de prejuicios, heridas y una profunda sed espiritual no saciada por el agua común.

El sacerdote invita a identificar los cansancios personales esta Cuaresma: el del enojo como los israelitas, el físico resuelto con descanso y menos activismo, o la sed profunda de Dios manifestada en angustia y culpa, similar a la de la samaritana que iba al pozo en horas de calor para evitar juicios por sus cinco maridos anteriores. Propone medir la "sequía del corazón" como el índice de Palmer mide las sequías terrestres, recordando que Jesús es el agua viva que da sentido y calma esa sed, llevando a muchos samaritanos a reconocerlo como Salvador del mundo.

García Cuerva menciona el cuadro del pintor suizo Ferdinand Hodler sobre el cansancio y recomienda como lectura cuaresmal el libro Elogio de la Sed del Cardenal Tolentino Mendoza, enfatizando que Jesús espera junto al pozo del corazón humano, sediento de sus vidas y heridas. La homilía concluye invocando que ambos tengan sed mutua.

Tras el Amén, se reza el Credo profesando la fe en Dios Padre, Jesucristo, el Espíritu Santo, la Iglesia Católica y la vida eterna. Siguen las oraciones de los fieles: por la Iglesia en conversión, por alejados de la fe que hallen en Jesús el agua viva, por responsables políticos, eclesiales y económicos de Argentina para proteger al pueblo, por la paz en Medio Oriente donde el odio cede al perdón, y por quienes celebran el Día del Señor vía radio, TV y redes para prepararse auténticamente a la Pascua.

La asamblea responde "Señor, danos el agua viva" a cada intención. Continúa la liturgia con la preparación de los dones del pan y vino como signo de amor fraterno, la oración por el perdón mutuo, y el prefacio que recuerda cómo Jesús infundió fe en la samaritana al pedirle de beber para encender su amor divino.