Ernesto, un argentino varado en Israel con su hija de 21 años, relató en vivo cómo la población local maneja con tranquilidad las alarmas antiaéreas y los ataques con misiles iraníes, mostrando las calles llenas de gente normalizando la situación pese a las esquirlas que caen tras las intercepciones. Se refugió en un centro comercial durante las sirenas, descendiendo a estacionamientos subterráneos como indica el protocolo, y confirmó que las detonaciones cercanas solo dejan fragmentos que causan daños.
Ernesto, quien llegó el 13 de febrero para visitar familia y debía regresar el lunes pasado, coincidió con el inicio del conflicto el sábado a las 8:30 de la mañana. Explicó que en zonas centrales como Betas y Cuba las alarmas suenan frecuentemente, obligando a refugiarse cada 15-20 minutos durante la primera noche, aunque ahora la gente actúa con rutina aprendida, usando refugios Miklat en edificios o cercanos. Transmitió una sensación de seguridad compartida con residentes como Gaby e Ilan, pese a ser turista ocasional.
Giro la cámara en un bar post-alarma para mostrar calles activas con familias y niños, desmintiendo imágenes de pánico y destacando que la vida continúa minutos después de las sirenas. Como trabajador de la industria del vidrio, expresó preocupación por volver a su empleo en Argentina, donde lo espera su familia, y lamentó el plus inesperado de la guerra en unas vacaciones familiares.
Sobre el regreso, contactó embajada argentina, consulado y aerolínea, que anuló su vuelo por cierre de aeropuertos y reprogramó tentativamente para la semana próxima, coincidiendo con la posible reapertura de Ben Gurion. El canciller argentino tuiteó que evacuaron casi el 50% de compatriotas vía mails y pedidos, y Ernesto confirmó respuestas de aerolíneas para quienes están varados.
Ernesto subrayó el sacrificio de civiles y soldados israelíes para mantener la tranquilidad, mostrando contención familiar y optimismo pese a la lamentable situación, que naturalizó rápidamente.