Milina, una argentina voluntaria en Tel Aviv, describe cómo los israelíes caminan tranquilos hacia refugios ante sirenas de cohetes mientras turistas corren en pánico, y revela que ve interceptaciones de misiles desde la ventana de su departamento de día y de noche. Llegó el 17 de febrero por un programa de voluntariado Taglit post 7 de octubre, extendió su estadía para visitar familia, pero quedó varada por el cierre del aeropuerto Ben Gurión.
Explica que cuenta con un búnker privado en el departamento familiar en el piso 11, aunque otros deben bajar escaleras o refugiarse en escaleras de edificios. Detalla el uso de una app que alerta 10 minutos antes de las sirenas, que suenan ensordecedoras por toda la ciudad, y métodos de protección como tirarse al piso cubriéndose cabeza y cuello si no hay refugio, o usar árboles como escudo contra esquirlas.
Para salir de Israel, evalúa una travesía riesgosa de 12 a 13 horas en bus gratuito desde Tel Aviv hasta el aeropuerto de Taba en Egipto, pasando la noche allí para volar a Chipre o Atenas al día siguiente, con un costo extra de más de mil dólares que su padre le costea. El consulado argentino solo ofrece esa opción vía WhatsApp, sin más ayuda, mientras israelíes usan esa ruta terrestre.
Relata impactos cercanos como un misil balístico en un edificio residencial de Bnei Brak, a unos 6 kilómetros de Tel Aviv, donde fragmentos interceptados causaron daños menores. Menciona aviones militares de Israel y Estados Unidos, y una tensa calma estos días comparada con bombardeos cada 15 minutos el sábado.