Una argentina en Tel Aviv describe cómo los israelíes han incorporado el hábito de convivir con sirenas de alerta por cohetes, corriendo a búnkeres con tranquilidad mientras turistas entran en pánico. Milina, voluntaria llegada el 17 de febrero en un programa post 7 de octubre, extendió su estadía para visitar familia.
Ella destaca que nadie espera vivir esta situación, pero los locales la tienen de costumbre: niños de 7 y 10 años ya saben los protocolos, y la gente camina serena a los refugios. Milina cuenta con un mamad (búnker privado) en el departamento familiar, sin necesidad de salir.
En contraste con argentinos como Gabriela Ftropski, que cubre desde allá, Milina enfatiza que no es acostumbramiento pleno sino hábito forjado por la realidad, lamentando lo habitual del conflicto.