Jóvenes argentinos de entre 20 y 25 años permanecen desempleados o en changas precarias, obligados a vivir con sus padres ante salarios bajos y altos costos de alquiler. Un padre cuenta que sus dos hijos de 24 y 17 años perdieron trabajos en construcción y fábrica, buscando empleo sin éxito hace ocho meses.
Otra madre relata que sus hijos trabajan en gastronomía y depósito de ropa, pero no llegan al millón de pesos ni pueden independizarse, con alquileres de una pieza en 500.000 pesos. Un tercer testigo confirma que su hijo de 20 años dejó la gastronomía para terminar secundaria y ahora busca trabajo sin hallarlo.
Los entrevistados en la calle destacan la dificultad extrema para conseguir empleos dignos, con familias sostenidas solo por ingresos de padres e hijas, en un contexto de molestia generalizada contra el gobierno.