Mati Zway, experto israelí en geopolítica, describió la rutina diaria en Israel bajo alerta constante por ataques iraníes, yendo a refugios seis o siete veces al día, incluso despertándose a las 3:20 de la mañana por pre-alarmas que avisan posibles evacuaciones. En su edificio antiguo, baja al sótano con vecinos que se han hecho amigos por la necesidad, mientras la mayoría de la gente vive cerca de refugios o cuartos seguros en casa.
Zway explicó que el conflicto busca terminar lo inconcluso de la guerra de los 12 días, golpeando la cúpula política, militar, nuclear y misilística de Irán, un país que amenaza con borrarlos del mapa desde hace décadas con ideología supremacista chiita. Israel vive con la espada de Damocles a 1500 kilómetros, y ahora el 90% de la población está unida en disminuir las capacidades militares iraníes, pese a divisiones internas profundas.
Ante la pregunta sobre el programa nuclear iraní y un posible cambio de régimen, Zway señaló que es factible por la oposición atomizada dentro y fuera de Irán, aunque el Shah no une a todos. Con 90 millones de habitantes y 23 minorías como kurdos, baluchis y árabes descontentos, más del 80% rechaza el régimen tras fracasos económicos y opresión, lo que podría generar un movimiento en pinzas desde las periferias.
Tras la entrevista, el panel discutió la declaración de Donald Trump de elegir al próximo líder iraní para no volver cada 10 años, en una guerra psicológica que busca levantamiento popular contra el teocrazy. Mostraron imágenes de un ataque quirúrgico israelí a un hotel en Beirut, destacando la precisión contra objetivos puntuales, similar a la guerra de los 12 días bajo Benjamín Netanyahu, y el rol económico en el descontento iraní con inflación y escasez.