El bombardero furtivo B-2 Spirit de Estados Unidos porta las bombas antibúnker CBU-57, las más potentes de su arsenal, con capacidad para transportar hasta dos unidades que penetran 60 metros en roca o hormigón armado antes de explotar, ideales para destruir instalaciones subterráneas iraníes.
Valentina Torres Sánchez y el analista Matías Roth explican que el B-2, diseñado por Northrop Grumman en la Guerra Fría, evade radares al absorber ondas gracias a su forma de ala y materiales especiales, permitiendo operaciones sin limpiar previamente la zona de defensas antiaéreas, a diferencia de otros bombarderos como el B-52 o B-1.
El avión ha participado en 1.500 misiones desde 1999 en conflictos como Kosovo, Irak, Afganistán, Libia, Yemen e Irán en 2025 y ahora, sin haber sido derribado nunca, atacando centrales nucleares, bases marítimas y fábricas de misiles balísticos subterráneas con gran autonomía de 11.500 km y hasta 44 horas en vuelo.
Solo 80 de 13.000 pilotos de la Fuerza Aérea están capacitados para operarlo, y carga bombas convencionales o nucleares, aunque su costo de 2.000 millones de dólares por unidad impulsa el desarrollo del B-21 Raider más económico. China intenta contrarrestarlo con radares alternativos y el H-20, aún no operativo.