Andrea del Boca relató en una entrevista cómo el destino la eligió para la actuación desde los tres años y medio, cuando empezó a trabajar sin ser consciente de que era un empleo, viéndolo como un juego que jugó muy bien durante 43 años de carrera.
La actriz recordó anécdotas de su infancia famosa, como problemas en el colegio por su popularidad y cumpleaños sencillos compartidos con la familia justo después de su primera comunión, donde sus padres le regalaron una muñeca. En Colombia, Papá Corazón fue un boom y su personaje Pinina generó fanáticas nenas que la esperaban en el estudio, aunque una niña lloró porque ya le habían crecido los dientes a Andrea.
Andrea explicó que se desprendió naturalmente de Pinina, que le abrió puertas en Latinoamérica, y recordó su debut real como actriz interpretando a una sordo-muda, disfrutando ir al estudio como una travesura. El programa intercaló clips de su ingreso a Gran Hermano Generación Dorada, donde prendió la luz como primera participante, se mostró competitiva y fanática de los juegos.
En la casa, Andrea del Boca tomó el control de la cocina imponiendo reglas estrictas sobre la comida, como que quien abre o cocina se lo come todo para no tirar nada, recordando a quienes no tienen para comer. Hubo roces leves con compañeros, como discusiones por mandonear y organizar, pero se posicionó como la mamá del grupo por su edad y fama, mientras afuera especulan que cobra un millón por día y que actúa guionado desde el primer día.
La cobertura mostró su emoción al sentir presencia de su papá fallecido antes de entrar y cómo su carrera infantil, desde películas como Había una vez un circo con Gaby, Fofó y Miliki hasta ganar un Martín Fierro por Papá Corazón en 1973, la preparó para este reality donde busca ganar en buena ley.