La Última Cena pintada por Giorgio Vasari en la Basílica de Santa Croce de Florencia muestra a un personaje femenino junto a Jesús, interpretado por algunos como María Magdalena en lugar del apóstol Juan, similar a la versión de Leonardo da Vinci.
La monumental obra de 2,43 metros de alto por 6,40 de ancho, ubicada en la iglesia gótica iniciada en 1294 e inaugurada en 1442, sobrevivió a la inundación del río Arno en 1966 que dañó más de un millón de libros y cientos de obras de arte, quedando sumergida 12 horas con el 30% de pintura desprendida.
Tras décadas de restauración, la tabla regresó a la vida pese a considerarse irrecuperable. La basílica alberga tumbas de genios como Miguel Ángel, Galileo, Maquiavelo y un cenotafio de Dante Alighieri, cuyas cenizas están en Rávena.
Textos apócrifos como el Evangelio de María Magdalena y el de Felipe sugieren un vínculo profundo entre ella y Jesús, como compañera o pareja, alimentando debates sobre su rol en la Última Cena.