En la Semana Mundial de la Obesidad, expertos explican cómo el sobrepeso en adultos pasó del 1-3% en 1800, cuando el 60% sufría desnutrición, al 30% actual que afecta a 2.500 millones de personas, mientras la desnutrición bajó al 10%.
Desmitifican el estigma de 'gordo vago' heredado de Hipócrates hace 2.500 años y destacan el ambiente obesogénico ilustrado en el cuadro de Marcos López, donde un asado familiar multiplica el consumo por picada, empanadas y choripanes, recreando una 'Última Cena obesogénica'.
La industria alimentaria cambió todo con heladeras, microondas y transporte, resolviendo la desnutrición pero creando comida adictiva vía Bliss Point, el máximo placer sensorial: nadie come una sola papa frita de bolsa porque invita a la próxima.
Envases gigantes como hamburguesas dobles o cuádruples, gaseosas de litro y marketing intenso potencian el consumo excesivo, incluso en plazas donde niños acceden a galletitas. Históricamente, la presión por cuerpos delgados existe desde corsets de 500 años a.C. en Creta, sangrías, dietas locas y la mítica lombriz para adelgazar, pero la gente evita cambiar la alimentación.