El pastor relata cómo Pedro, hundiéndose en las aguas, clamó con fervor 'Señor, sálvame' y Dios lo rescató al instante. Explica que Dios escucha los clamores desesperados en horas de tribulación, impulsando al creyente al trono de la gracia. Aunque las urgencias surjan en el último momento, Dios despliega su poder y extiende misericordia sin importar la profundidad de la desesperación.
El pastor insta a no esperar al límite para mirar al cielo, pero asegura que aun en demora, Dios responde. Pregunta si alguien está sumergido en aguas profundas de desesperación, tribulación o pecado, y urge clamar al Señor por ayuda, acudiendo al trono de la gracia porque 'Cristo puede por ti'.
Reafirma que Dios acude gustosamente a quienes invocan su nombre en el pozo o con el agua al cuello, especialmente con oraciones intensas, sentidas, movidas por gratitud y arrepentimiento. Cita que lo prometido por Dios se cumple, culminando en alabanzas intensas a la gloria de Dios.
En contexto previo, el pastor había enfatizado la perseverancia en oración como Jesús y Pablo, la confesión rápida de pecados para bendición, y la parábola del publicano y fariseo, donde la oración corta pero humilde y arrepentida de 'Dios, sé propicio a mí, pecador' fue oída, justificada y perdonada, mientras la larga y vanidosa del fariseo fue rechazada.