Israel utilizó inteligencia artificial y tecnología avanzada, como la unidad 8200 del ejército y accesos a cámaras de tránsito en Teherán, para localizar y eliminar gran parte del liderazgo del régimen iraní, incluyendo al Ayatolá Jamenei al inicio de la operación.
Edwin Yabo Glusman, director del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, aclaró que la guerra no es contra todos los musulmanes ni contra el pueblo persa de Irán, sino contra una ideología extremista shiíta que divide al Medio Oriente de suníes. Destacó la amistad histórica entre judíos e iraníes y que Israel no ataca a la población civil, respaldado por mensajes en redes sociales.
El economista argentino-israelí Leonardo Leiderman, desde Israel, describió una gran incertidumbre pero consenso en que esta es una oportunidad para crear un nuevo Medio Oriente, reduciendo misiles balísticos y avance nuclear iraní. Relató noches de alarmas y refugios, con ocho heridos israelíes hoy por ataques de Hezbollah desde Líbano, y enfatizó la importancia del frente interno en esta guerra tecnológica.
Glusman y Leiderman coincidieron en la cohesión absoluta de la sociedad israelí, sin pánico, unida detrás de la acción contra los ayatolás tras 47 años de amenazas, pese a costos económicos altos con el país semi-paralizado. Opositores a Netanyahu apoyan la incursión como imprescindible para la existencia de Israel y una paz duradera, aunque surgen preguntas sobre el fin de la guerra.
La coalición con Estados Unidos funciona armoniosamente, con un 90% de apoyo público inicial, pero Leiderman advirtió que el consenso podría erosionarse con el tiempo según evolucionen los objetivos, desde derrocar el régimen hasta reducir riesgos nucleares y balísticos.