Samira, iraní exiliada en Argentina hace 30 años, criticó duramente al régimen islámico, comparándolo con un tumor cancerígeno con el que no se negocia, y reveló que ha esperado 60 años por su fin mientras el mundo le dio 47 años sin resultados. Elogió la paciencia de Donald Trump, quien ofreció durante 10 años uranio enriquecido para fines pacíficos, oferta rechazada por Irán que acumuló material para 11 bombas nucleares, según admitieron sus diplomáticos. El OIEA no puede garantizar fines pacíficos del uranio al 60%.
Rafael Grossi, director del OIEA, confesó en entrevista sentir su seguridad delicada por amenazas del régimen iraní durante la guerra de 12 días, considerándolo un blanco. Samira detalló que la población iraní no aguanta más al régimen y prefiere ataques que destruyan instalaciones militares y centros de represión, dejando a sus guardias heridos en hospitales y huyendo disfrazados.
El 70% de los iraníes está listo para tomar las riendas del país, según Samira, esperando una señal de Trump vía radio para salir a las calles e instituir un gobierno alternativo, descartando a Reza Pahlavi por estar alejado del país. La diáspora iraní, con 8 millones, apoya mayoritariamente a Trump por su inteligencia y escucha al pueblo, evitando puppets.
Samira recordó el Irán pre-revolución de 1979 como moderno y libre, con mujeres en bikini esquiando y comprando, contrastando con el shock religioso de clases conservadoras. Acusó a la revolución de ser orquestada por Inglaterra, Francia, Jimmy Carter y demócratas, con Jomeini recibiendo millones de dólares prometiendo alianza a EE.UU. El Shah mantenía control por miedos a comunistas pro-rusos y vecinos soviéticos.