Marcelo Kicilevsky, desde su refugio en Israel durante alarmas de misiles iraníes, describe cómo la población corre a refugios públicos y subterráneos del subte en Tel Aviv, llevando colchones y carpas para acampar, incluyendo jóvenes, viejos y perros.
La gente muestra tranquilidad y esperanza, con amplio consenso en la guerra contra Irán, visto como la cabeza del pulpo que busca destruir Israel existencialmente, a diferencia de divisiones en Estados Unidos.
Explica el odio iraní por teología islámica: Israel como pequeño Satán, territorios como Dar al Islam sagrados que no pueden ser judíos, y judíos como fuerza maléfica que contradice la visión mesiánica chiita.
Kicilevsky ironiza sobre paranoia judía perseguida, citando a Woody Allen, y enfatiza creer en amenazas de regímenes como Irán con poder de fuego.
La entrevista concluye esperando fin de alerta roja, con sirenas y avisos maternales en apps para no asustar niños.