El programa conmemora un nuevo aniversario de la partida del Alberto Olmedo, ídolo nacional adorado que hacía reír, con tono melancólico pero divertido como su vida. Muestran primeras imágenes del accidente a las 10:26 un sábado, impactando al país.
Entrevistan a figuras que lo recuerdan: Pinzón cuenta cómo Olmedo entró a TV como técnico haciendo bromas para hablarle al pueblo; su hijo Albertito Julio emociona con nudo en la garganta, llamándolos ídolos; colegas evocan mesas pedidas en camarín, su hermetismo y cariño con el público.
Reproducen sketches clásicos: Olmedo bajando pantalones en teatro gritando "¡Nada más deseado para mí!", parodias de sueldos con 170 australes, agarrando corneta y deteniéndose a dar la mano a pibes en salida del teatro. Mencionan su vínculo con Chespirito y armar rompecabezas tras su muerte.
El equipo destaca lo doloroso y vacío que deja, su impacto y ascetismo en escena.