Mario Pergolini profundizó en su depresión durante el pico de éxito de Caiga Quien Caiga (CQC), cuando el programa exportaba a Europa, tenía oficinas en Madrid y casi 480 empleados. Contó que cerraba la oficina con llave, se tiraba en el piso como un bollito por horas y nadie lo notaba del todo, aunque su familia estuvo presente.
Advertía a influencers sobre el peligro de hablar solo de sí mismos, entrando en un loop egoísta que lleva a problemas mentales. Reveló su origen en una familia de clase media laburadora: padre diseñador industrial en IBM trabajando en tarjetas perforadas, madre ama de casa práctica que resolvía con sopapos, y él durmiendo en el living de adolescente.
Describió una relación complicada con su padre los últimos 20 años, resuelta en terapia antes de su muerte, y agradeció la libertad que sus padres le dieron pese a verlo flaco y ojeroso en giras. Enfatizó que padres deben tomar iniciativa en reconciliaciones, no mendigar cariño de hijos.
Habló de su regreso a TV con Otro Día Perdido, donde el 60% de audiencia es digital vía YouTube con millones de views, insistiendo que la televisión tradicional está muerta pero esta es una producción multimedia. Diferenció de CQC, más picante y desde el Olimpo, por esta versión afable sin gritos.
Confesó estar contento reconciliado con la tele como una vieja novia, pese a dudas iniciales, y reveló charlas con todos los presidentes desde Alfonsín excepto Javier Milei, quien no lo llamó.