En los Emiratos Árabes Unidos, un arqueólogo llamado Gabriel, radicado cerca del Estrecho de Hormuz a 75-80 km de Irán, describe explosiones diarias por ataques con más de mil drones en tres días, pero las defensas aéreas derriban más del 92% de ellos, visible desde su ventana con plumas de humo de día y baterías antiaéreas de noche.
Es la primera vez que ocurre algo así; los países del Golfo promovían negociaciones nucleares con Irán vía Omán, pero ahora se defienden para proteger población, residentes y turistas. No hay sentimiento antiiraní fuerte en Dubái por su globalización y comercio histórico, sino enojo por la agresión gratuita de Irán, comparada con un perro rabioso.
Durante Ramadán, empresas permiten trabajo remoto, escuelas e-learning, pero la gente sale a centros comerciales y cines. Alertas por celular en árabe, inglés y urdu advierten quedarse en casa ante misiles; no hay refugios, pero autoridades evitan psicosis y mantienen normalidad pese a repatriaciones.
Los drones Shahed, baratos (20-30 mil dólares) y kamikazes vendidos a Rusia para Ucrania, saturan defensas costosas. Países del Golfo prohibieron bases para bombardear Irán, anticipando represalias; autoridades locales reaseguran a la población con confianza en estabilización.