Los analistas desaconsejan un cambio de régimen en Irán o su fragmentación, argumentando que Estados Unidos no podría otorgar gobernabilidad a un país de 92 millones de habitantes con intereses rusos y turcos, recordando fracasos en Afganistán e Irak. Si se apoya a los kurdos, Turquía atacaría con toda su fuerza, generando intervenciones de potencias regionales.
En Medio Oriente, las divisiones étnicas y religiosas como chiitas, kurdos y sunitas superan las fronteras coloniales británicas y francesas; fragmentar Irán es "peligrosísimo" y podría revivir la guerra civil en Irak. La Guardia Revolucionaria podría negociar con Trump vía canales de inteligencia para mantener el poder, limitando el fundamentalismo a lo doméstico.
Los persas, pueblo imperial con 2.800 años de historia, tienen una educación nacionalista profunda, no secularizada como Occidente, lo que complica cualquier intervención externa. Trump prefiere un líder pragmático dentro del régimen actual antes que figuras como el hijo del Sha Pahlavi.
Europa actúa en fase defensiva con fragatas y aviones para proteger intereses como Chipre y el Golfo, sin atacar Irán directamente. Las monarquías del Golfo coquetean con ataques pero Arabia Saudita duda tras derrotas en Yemen. El conflicto corta drones a Rusia para Ucrania y eleva precios de gas en Europa, impactando políticamente a Trump en año electoral.
Putin amenaza cortar gas restante a Europa, agravando la crisis energética invernal, mientras Ucrania pierde relevancia mediática ante el foco en Irán y Golfo.