Un estudio de la Universidad de Minnesota afirma que personas desordenadas, noctámbulas y que usan malas palabras son más inteligentes que el promedio.
Los panelistas se identificaron con el perfil, riendo sobre sus hábitos desordenados como apilar ropa en sillas hasta que cae todo, y conflictos matrimoniales por eso.
Discutieron cómo los hijos imitan el desorden parental, complicando las retadas, y anécdotas de enojos por no encontrar cosas bajo pilas de ropa.
Compartieron que casas ordenadas para visitas generan envidia o sospechas de limpieza express, y quejaron del dentífrico pegado en bachas como intolerable.
Concluyeron que el matrimonio requiere paciencia ante estos hábitos.