El consumo de vino en Argentina registró una caída drástica de 70-90 litros per cápita históricos a solo 6 litros actuales, por cambios en hábitos sociales, preferencias y conciencia sobre la salud.
Expertos atribuyen el declive a un cambio generacional: las nuevas generaciones millennials y Z prefieren cerveza, fernet, cócteles o bebidas sin alcohol, viendo el alcohol como perjudicial.
El vino dejó de ser bebida única y alimento diario para familias; ahora compite con opciones bajas en alcohol y calorías, impulsando vinos light y la desalcoholización permitida hace dos años.