En el complejo edilicio idéntico al que sufrió un derrumbe parcial, vecinos exhiben fisuras, óxido, goteras emparchadas y filtraciones crónicas que anunciaban el desastre y persisten pese a parches ineficaces.
Desde fines de 2021 reclaman por paredes convertidas en piscinas al llover, techos que gotean sin parar y arreglos precarios como chapones sobre tableros eléctricos expuestos al agua, que siguen inundando pisos y estacionamientos.
Los reporteros ingresaron al sector 1 mostrando humedad corrosiva en estructuras, miedo palpable entre residentes que temen un colapso inminente similar al vecino, viviendo con bolsos listos para evacuar.
Tras el incidente, el Gobierno de la Ciudad envió inspectores y un ingeniero estructural; los vecinos agilizan denuncias formales mientras duermen alerta por el riesgo inminente en todo el complejo.