El predicador advierte que la soberbia y el orgullo son una de las cosas que frenan la bendición de Dios, citando que Dios resiste al soberbio pero da gracia al humilde.
Explica que Jesús no mostraba milagros a quienes llegaban con soberbia exigiendo pruebas, pero sí a humildes como el ciego Bartimeo.
Detalla que la soberbia originó en el tercer cielo con Luzbel, quien se rebeló queriendo igualarse a Dios y fue echado a la tierra.