Israel intensificó su ofensiva contra objetivos iraníes en el quinto día de guerra, que ya deja más de mil muertos. Un buque de guerra iraní se hundió cerca de Sri Lanka con 180 tripulantes y 100 desaparecidos, mientras investigan un posible ataque submarino.
Pedro Sánchez, primer ministro español, rechazó tajantemente el ultimátum de Donald Trump, afirmando que la posición de España es clara: no a la quiebra del derecho internacional, no a resolver problemas con bombas y no a repetir errores del pasado. Europa, liderada por figuras como Emmanuel Macron, hace causa común y critica el accionar bélico de Estados Unidos e Israel.
En Estados Unidos, el gobierno defendió la avanzada ante el Congreso ante cuestionamientos de demócratas y republicanos. Scott Bessent, secretario del Tesoro, justificó la frustración de Trump con España por no cumplir compromisos NATO, ser un "free rider" y no cooperar con bases en la Operación Epic Fury, que ya registra casi una docena de bajas estadounidenses.
Marco Rubio inicialmente admitió que EE.UU. fue arrastrado por Israel pero luego se retractó. Rafael Grossi, de la OIEA, aclaró que Irán no tiene un programa activo de armas nucleares, aunque posee piezas del rompecabezas y autoridades iraníes admiten tener todo para fabricarla si lo desean. Esto genera dudas sobre la inteligencia que justifica el ataque, interrumpiendo negociaciones en Ginebra.
En Israel, la oposición valida el accionar de Netanyahu pese a elecciones próximas, citando amenazas de Irán y Hezbolá, responsable de la masacre de octubre 2023 con rehenes aún cautivos. El debate global cuestiona si la reacción es proporcional, mientras Trump maniobra comercialmente con España dentro de sus facultades, pese a límites judiciales en aranceles.