Pedro Sánchez, jefe de gobierno español, exigió que las potencias involucradas en el conflicto cesen inmediatamente las hostilidades y apuesten por el diálogo. Defendió una posición coherente, aplicando los mismos valores que en casos como Ucrania, Gaza o Venezuela, y rechazó ser cómplice de acciones contrarias a los intereses españoles por miedo a represalias.
Sánchez expresó confianza absoluta en la fortaleza económica, institucional y moral de España, negándose a participar en el conflicto armado en Oriente Medio.
Esta postura contrasta con la de Francia, Reino Unido y Alemania, que apoyan medidas en la zona del Golfo Pérsico.