La Biblia exhorta a orar en el poder y la fuerza del Espíritu Santo, como indica Judas 1:20 y Efesios 6:18, para que las oraciones sean efectivas en el mundo espiritual y no queden como vanas repeticiones en la carne, similares a las flechas lanzadas sin dirección.
Jesús condenó las repeticiones sin sentido de los gentiles, ejemplificadas por los sacerdotes de Baal que invocaron su dios por horas sin respuesta en 1 Reyes 18, y los efesios que gritaron por dos horas invocando dianas, contrastando con oraciones bíblicas largas como las de Jesús toda la noche o cortas como las de Moisés, Elías, Ezequías y Esteban.
Orar en el Espíritu implica cambiar el enfoque al mundo espiritual, donde el Espíritu impulsa las palabras certeras que nacen en el corazón de Dios, utilizan el cuerpo y la mente pero producen resultados, cediendo el control total para alinearse con la voluntad divina incluso si duele.
Esto convierte a los creyentes en intercesores poderosos que rescatan almas del infierno, como hijos, nietos, familia o barrio, según Judas 1:20-21, animando a caminar orando en el Espíritu para traer salvación y ver el cielo moverse en la tierra.