Arian, iraní radicado en Argentina hace ocho años, relató su llegada legal vía Brasil huyendo de las condiciones represivas del régimen en Irán, especialmente para las mujeres obligadas a usar hijab y sin libertades básicas.
Denunció que actualmente no hay internet en todo Irán, bloqueado por el régimen, lo que le impide contactar a su padre, tíos y abuela; solo circulan noticias de canales oficiales controlados.
Explicó las restricciones culturales y religiosas: mujeres estudian pero en escuelas separadas de hombres, no hay educación mixta, y la religión impone normas que considera "jodidas", como prohibiciones para trabajar sin hijab y presión constante sobre las mujeres.
Adaptado a la vida en Argentina desde los 14 años, valora las libertades locales frente a la falta de oposición política, control estatal y sueldo mínimo de 70 dólares en Irán; no puede volver por ser refugiado. El 80% de la población quiere cambio, con protestas como la de la selección femenina que no cantó el himno impuesto.
Expresó esperanza en una revolución para derrocar el régimen de 47 años y el regreso de Shah Pahlavi, hijo del último rey, quien podría liderar democráticamente mediante votación libre.