Samira, ex presa política iraní, relató su experiencia en la cárcel de Evin a los 17 años, donde presenció ejecuciones masivas de hasta mil adolescentes y jóvenes cada jueves y viernes. Fue arrestada junto a nueve amigas tras delaciones bajo tortura, juzgada sin abogado y liberada tras seis meses, pero el trauma la persigue a los 60 años.
El régimen iraní masacró a 40 mil manifestantes en enero, disparando balas en la frente durante protestas incentivadas por Donald Trump, quien llamó al pueblo a rebelarse. Los manifestantes eligieron al príncipe Reza Pahlavi como líder transitorio, pero el régimen respondió con 100 mil presos, 300 mil heridos y miles cegados en menos de 10 horas.
Samira lamentó no despedirse de su madre, fallecida hace una semana por cáncer, ya que el gobierno cortó comunicaciones. Cuestionó la veracidad de noticias sobre bombardeos israelíes al hospital neonatal y escuelas, argumentando ausencia de medios independientes y guerra de información, con cadenas como Al Jazeera financiadas por aliados del régimen.
Explicó la unidad étnica en Irán pese a diversidad (persas, kurdos, baluchis, árabes), unida por cultura milenaria zoroástrica anterior al islam, resistiendo invasiones de Alejandro Magno, mongoles y árabes sin perder su identidad, a diferencia de otros pueblos.
Predijo que la guerra durará máximo cuatro o cinco semanas según Trump, destacando ataques iraníes a vecinos árabes y la devastación humanitaria con imágenes de fosas comunes y funerales masivos.