Andrea del Boca genera preocupación por posible abandono de Gran Hermano Generación Dorada tras una semana de encierro intenso. La actriz no aguanta la convivencia con 28 participantes jóvenes, el aislamiento y extraña a la gente, mostrando gestos de cansancio y obsesión por la comida en la cocina, ahora reubicada en posición diagonal que le permite vigilar toda la casa como un mirador.
Tensiones estallan por control de provisiones: discute con Brian por asado y reserva de vacío al horno, mientras sufre problemas gastrointestinales con un solo baño disponible. Panelistas revelan que habla con almohadones en casa por soledad, su hija vive con la tía Ana Vera, y la producción la mima recreando escenas de sus películas, aunque firmó por un mes con buen caché.
Cristian U critica duramente el casting del reality, llamándolo "fiaca" lleno de favores y sin análisis psicológico, cuestionando participantes como un "almacenero repicante". Niega que Andrea sea gran estratega por ser adulta, sugiere atacarla con su causa judicial y afirma que todo está guionado, comparando con su propia experiencia rebelde donde condicionaba a la producción.
Andrea pide aliados cerca para no ser provocada, toma rol de controladora en compras por tablet con 50% del presupuesto, y preocupa su alimentación: pide harina pese a obsesión por dieta. Exparticipantes como Silvina Luna sufrieron cambios corporales similares por encierro.
La casa muestra bandos definidos, reingreso inédito de Daniela tras duelo por muerte de su padre, y producción induce dinámicas para retenerla, pero su continuidad pende de un hilo.