La comunidad cristiana de los Amish, originaria de Alemania, Suiza y Alsacia, vive aislada en Pensilvania y Ohio, con más de 400.000 miembros en Estados Unidos que evitan coches, electricidad pública y teléfonos privados para preservar un estilo de vida sencillo.
En el condado de Holmes, Ohio, donde representan casi la mitad de la población, circulan carruajes negros y mantienen granjas rurales con elementos decorativos europeos. Su religión prohíbe retratos o ser filmados para evitar la atención y la vanidad.
Un líder religioso llega descalzo a explicar las reglas de humildad y modestia, mientras Pete, un productor de leche de Alsacia, conduce solo carruajes y cosecha maíz con caballos y una vieja máquina diésel, rechazando tractores modernos.
Pete y su esposa Ruth tienen seis hijos y viven con nietos y su padre de 88 años, quien aún ayuda en la granja. Las mujeres cosen ropa tradicional del siglo XIX con máquinas simples, sin maquillaje ni joyas, todo recatado y discreto.
Algunos Amish jóvenes viajan a playas de Florida en invierno, pero la mayoría resiste la modernidad para proteger a las futuras generaciones de ser "devoradas" por ella.