El pastor introduce el principio de primicias como forma de honrar a Dios colocando lo primero y lo mejor ante Él, citando Éxodo 23:19 y Deuteronomio 26:10 donde se debe llevar las ofrendas de los primeros frutos a la casa del Señor y postrarse en adoración.
Proverbios 3:9 insta a honrar al Señor con primicias, principio que recorre toda la Escritura desde Abel, quien dio lo mejor de sus crías y recibió aprobación divina, pasando por Noé y Abraham, hasta Éxodo 34:19 que declara el primer nacido de cada animal para Dios.
En el Nuevo Testamento, Romanos 12 amplía las primicias a ofrecer la propia vida como sacrificio vivo a Dios, porque sin incluir el corazón la ofrenda física es una burla y Dios prioriza el corazón sobre el dinero.
Colocar a Dios primero trae bendiciones como el suministro de necesidades según Mateo 6, donde Jesús promete que si se busca primero el reino de Dios todo lo demás será añadido, advirtiendo que si las necesidades no se suplen es por falta de prioridad no de provisión divina.
El discipulado exige calcular el costo y poner a Jesús en el centro por encima de posesiones y relaciones, como enseña Pablo en Corintios al vivir para Él tras su sacrificio.