El Pastor Cinalli continúa su prédica explicando que Dios buscó a la humanidad pecadora y la compró como tesoro valioso con la sangre preciosa de su Hijo Jesucristo, rechazando la idea de que somos de descarte para el Señor.
Cita la parábola de los obreros de las cinco de la tarde para ilustrar cómo Dios toma lo que el mundo desecha, y enfatiza que después del sacrificio en la cruz, es lógico que vivamos para Él, criticando a quienes vuelven al pecado tras experimentar su amor, apoyándose en Apocalipsis 14 y Romanos 8:32.
Detalla el amor de Jesucristo por las almas perdidas, citando Lucas 19, 1 Timoteo 1:15 y otros pasajes donde se entregó en rescate por todos los pecadores, transformándonos de hijos del diablo en hijos adoptivos de Dios con herencia eterna.
Extiende el ejemplo al apóstol Pablo, quien sentía infinito dolor por sus hermanos judíos y estaba dispuesto a vivir bajo maldición para salvarlos, y a los primeros cristianos que predicaban el Evangelio bajo persecución en Fenicia, Chipre, Antioquía, Listra y Derbe, según Hechos 8, 11 y 14.
El pastor urge a rechazar las mentiras del diablo sobre nuestro valor insignificante, afirmando que Dios nos ama incondicionalmente y pagó el precio máximo por cada uno.