El pastor de Iglesia de la Ciudad explicó que el milagro de hablar en lenguas en Pentecostés y con Cornelio consistía en idiomas humanos milagrosos desconocidos para los apóstoles pero entendidos por los oyentes, como una señal divina para convencer a los incrédulos de que Dios ofrecía salvación a judíos y gentiles.
Precisó que las lenguas no son evidencia suprema del bautismo en el Espíritu Santo, ya que la Biblia indica que Dios reparte los dones como quiere y no a todos les da lenguas. Criticó a denominaciones que lo exigen como prueba, argumentando que genera frustración en creyentes que no lo reciben.
Citó ejemplos bíblicos como Juan el Bautista, Isabel y Zacarías, llenos del Espíritu antes de Pentecostés sin hablar lenguas, y Jesús, quien nunca usó lenguas ni lenguas angelicales, prefiriendo hablar claro en idioma comprensible.
Pablo enfatizó que las lenguas son para incrédulos y menos importantes que la profecía, que edifica la iglesia al predicar la palabra de Dios en lenguaje entendible. Relató casos como los samaritanos, Saulo y la iglesia primitiva, donde el Espíritu descendió sin lenguas, destacando la pasión por Cristo como verdadera evidencia.
Instó a priorizar la predicación comprensible sobre lenguas sin interpretación, pues solo así edifica y salva.