Decenas de miles de iraníes de la diáspora salieron a las calles para celebrar la muerte del líder supremo ayatolá Ali Khamenei, viéndolo como una posibilidad de cambio de régimen tras casi 50 años.
Manifestantes expresaron emoción y esperanza, aunque también duelo por las pérdidas, con frases como "es una pequeña brecha que se abre" y esperanzas de que las almas de los caídos descansen ahora que Khamenei está muerto.
En contraste, en Irak manifestantes chiítas participaron en procesiones fúnebres simbólicas en Bagdad, Najaf y otras ciudades, elogiando a Khamenei por su apoyo a Irak, Yemen, Siria y países chiítas, llamándolo líder de la resistencia y maldiciendo a Israel.
Irak y Pakistán, con grandes poblaciones chiítas, vieron disturbios por multitudes enfurecidas por ataques estadounidenses e israelíes.