Cristiano extiende el argumento del Garrahan a las universidades, defendiendo que pueden ser públicas o privadas sin que el Estado central aporte de todos los argentinos.
Él estudió en escuelas públicas y universidades privadas como Harvard y Bocconi, por lo que no ve problema en la diversidad.
Critica manejos raros en las universidades públicas y la resistencia a auditorías para transparentar fondos.
Insiste en que debe haber transparencia para que el pueblo sepa qué paga.