En la Santa Cena, Jesús lavó los pies de sus discípulos para dar ejemplo de humildad y servicio, recordando sus palabras en Juan 13 donde dice que si él, el Señor y Maestro, lavó los pies, también ellos deben lavarse los pies unos a otros. El pastor aclaró que no se trata de un ritual literal con palanganas en los cultos, sino de adoptar una actitud permanente de servicio hacia los demás.
Explicó que en el reino de Dios, el mayor sirve al menor, y aun con honores como un trono o corona, el cristiano debe tener puesta la toalla de sirviente. Citó el ejemplo de su copa más grande en la Santa Cena por ser pastor, pero enfatizó que la autoridad verdadera no se jacta del cargo, dinero o fama, sino que permanece como el menor sirviente.
El pastor relató una anécdota personal de visitar a alguien que no abrió la puerta, pero afirmó que mantendría la actitud de servicio, incluso arrodillándose para lavar pies si hace falta, sin sacar chapa de autoridad. Instó a los cristianos a pavonearse de las toallas de servicio en vez de mantos de grandeza, y a entregar toda gracia al Señor en la Santa Cena.