La CIA colocó infiltrados en la cúpula del poder iraní durante cinco años, desde 2019, superando 40 años de dificultades para obtener inteligencia en calles y gobierno, clave para el descabezamiento preciso de líderes como Ali Khamenei.
Con fondos y recursos de Donald Trump, obsesionado con la agencia, armaron una red de agentes y analistas que detalló al segundo los movimientos de Khamenei y su círculo en el complejo Beir-Rasbari, donde esperaron 90 días la reunión ideal.
El factor humano fue decisivo pese a la tecnología, revelando descuido en la seguridad iraní, que confiaba en no ser atacados de día, permitiendo el ataque que eliminó a toda la cúpula teocrática.