Las Islas Canarias producen más de medio millón de metros cúbicos diarios de agua desalinizada mediante 330 plantas que abastecen a 2,2 millones de habitantes y 17 millones de turistas anuales, utilizando ósmosis inversa que consume más del 10% de la electricidad del archipiélago, mayoritariamente de combustibles fósiles, liberando hasta 2.000 toneladas de CO2 diarias.
En El Hierro, la central hidroeléctrica Gorona del Viento genera solo el 40% de la electricidad anual con aerogeneradores y almacenamiento por bombeo, aspirando a autosuficiencia renovable, pero el 60% restante proviene de diésel, y la desalinización sigue dependiendo de fuentes fósiles pese a los esfuerzos.
La salmuera hiperconcentrada, vertida al océano, destruye ecosistemas marinos: pescadores como Wenceslao Olivero en Lanzarote denuncian que es "veneno puro para el mar". El buceador Fernando Espino documenta en Gran Canaria zonas muertas de 50 metros sin flora ni fauna alrededor de desagües, con salinidad al doble del agua marina (60 g/l) y químicos como metabisulfito sódico que causan anoxia y muerte masiva.
Cianobacterias invasoras desplazan praderas marinas, refugios clave para peces que fijan el 15% del carbono oceánico. Hoteles instalan microdesalinizadoras, dispersando vertidos y complicando el control, amenazando reservas marinas europeas.