El bautismo en el Espíritu Santo se anuncia como lluvias temprana y tardía según Ezequiel 34:26 y Deuteronomio 8, donde Dios manda lluvias si el pueblo obedece y ama al Señor.
La lluvia temprana prepara la tierra para arar y sembrar, mientras la tardía madura el fruto para una abundante cosecha, con chaparrones aislados en medio, en paralelo con la época de la iglesia.
Las lloviznas iniciales ocurrieron por los ministerios de Juan el Bautista y Cristo Jesús, llenos del Espíritu, atrayendo multitudes de Jerusalén, Judea y Jordán, anunciando la lluvia temprana en Pentecostés.
El derramamiento en Pentecostés inició las lluvias de la era de la iglesia, con operaciones previas del Espíritu marcando el comienzo.
El pastor destaca el paralelismo bíblico entre el clima agrícola y las bendiciones espirituales.