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Pastor aguarda lluvias tardías del Espíritu Santo antes de retorno de Cristo

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El bautismo en el Espíritu Santo se simboliza como lluvias temprana y tardía según Ezequiel 34:26 y Deuteronomio 8, donde Dios promete enviar lluvias si el pueblo obedece y ama al Señor. La lluvia temprana prepara la tierra para arar y sembrar, mientras la tardía madura el fruto para una abundante cosecha, con chaparrones aislados en medio, paralelos a la época de la iglesia.

Las lloviznas iniciales ocurrieron por los ministerios de Juan el Bautista y Cristo Jesús, anunciando la lluvia temprana en Pentecostés. El periodo de la iglesia, desde Pentecostés hasta el retorno de Cristo, es la temporada de lluvia, iniciada con derramamientos en Pentecostés y ahora aguardando las lluvias tardías.

Profetas como Joel, Zacarías, Oseas y Ezequiel anticiparon este tiempo, prometiendo derramamiento del Espíritu Santo sobre la humanidad para transformar vidas, hogares y ciudades. El pastor exhorta a clamar por lluvia, como en Zacarías 10:1, para un avivamiento que convierta desiertos en tierra fértil.

La lluvia temprana continuó en el primer siglo pero declinó con la flojera espiritual de la iglesia, con lluvias esporádicas en siglos posteriores y más frecuentes desde la Reforma. Ahora se aguardan las lluvias tardías para madurar el fruto espiritual antes de la cosecha final, asociada al fin del mundo y la venida de Cristo.

El pastor enfatiza que estamos a las puertas de un gran mover espiritual como Pentecostés, con lluvias tardías que transformarán personas y prepararán la cosecha, llamando a la congregación a dar gloria a Dios por esta promesa inminente.