El pastor proclama que la iglesia vive los últimos tiempos de los últimos días y aguarda las lluvias tardías del Espíritu Santo, un mover espiritual mayor que Pentecostés para preparar la cosecha final antes del retorno de Cristo.
Cita Hechos 2:17 donde Dios promete derramar su Espíritu sobre toda la humanidad en los últimos días, equivalentes a la era de la iglesia desde Pentecostés hasta la segunda venida. Insiste en que estamos a las puertas de este desbordamiento que transformará vidas, hogares, naciones y quebrantará fortalezas satánicas.
Enfatiza orar por avivamiento, evangelización mundial y retorno de Cristo, pues son promesas bíblicas que Dios cumplirá. Anima a los creyentes a perseverar en oración y disciplinas espirituales para crear las condiciones necesarias.
Explica que el derramamiento requiere una iglesia purificada del pecado y libre de emociones tóxicas como la duda, que debilita la fe como le ocurrió a Pedro al caminar sobre el agua. Jesús le recriminó: "hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".
Santiago advierte que quien duda es inconstante como las olas del mar. El pastor aconseja combatir la duda con la Palabra de Dios, revelación del Espíritu Santo y sembrando semillas de fe incluso en campos de dudas, para que Dios cambie la atmósfera y fortalezca la creencia.