Donald Trump evalúa negociar con el régimen iraní superviviente en medio de una guerra intensiva que ya causa bajas en bases estadounidenses en Kuwait, civiles en Israel y ataques a países del Golfo como Bahréin. Irán muestra mayor poder de fuego que el primer día, atacando seis o siete naciones simultáneamente con misiles de largo alcance.
El triunvirato provisional iraní podría incluir al autor del atentado a la AMIA, lo que complica cualquier diálogo, ya que Estados Unidos inició bombardeos declarando agotados los tiempos para negociar. La guerra se libra en niveles militares, informativos y de propaganda, con imágenes contradictorias de protestas internas mínimas versus manifestaciones pro-régimen en Teherán.
Analistas cuestionan si ataques profundos bastan para el objetivo de Trump de cambio de régimen en una nación de 92 millones, advirtiendo caos regional. Trump, impredecible y sin permiso congressional, mira encuestas desfavorables en EE.UU. mientras la escalada incluye explosiones en Jerusalén y continúa con bombardeos mutuos.
Pretextos como enriquecimiento de uranio superior y misiles de largo alcance se debaten, pero Irán no alcanza EE.UU. directamente. Trump especula hablar como en Venezuela, pero la impredecibilidad reina en el segundo día, peor que las primeras 24 horas fulminantes que mataron a Khamenei en reunión con altos mandos.