El pastor continuó el relato de Hechos capítulo 9, explicando que Saulo, tras escuchar la voz de Jesús en el camino a Damasco, preguntó temblando qué debía hacer, rindiéndose instantáneamente a Cristo.
Los compañeros de Saulo oyeron la voz pero no vieron a nadie; él quedó ciego, lo llevaron a Damasco donde ayunó tres días sin comer ni beber, tiempo de consagración espiritual para dejar la vida vieja y ver la luz de Cristo.
Un discípulo llamado Ananías oró por Saulo, cayeron las escamas de sus ojos, fue bautizado y lleno del Espíritu Santo, terminando su vida de perseguidor para convertirse en perseguido por Cristo.
El predicador relató su anécdota en Miami evitando tentación con una mujer colombiana, enfatizó alejarse del pecado y advirtió sobre la eternidad: cielo para los fieles con obras eternas, o lago de fuego para los no salvos, urgiendo a creer en Jesús gratis.