Roberto Mouras, el Toro de Carlos Casares, creó la legendaria Dodge número 12 tras un desafío en la comisión directiva de Turismo Carretera, donde su preparador homologó un bloque pesado de Dodge y armó el auto de cero para debutar con triunfos pese a accidentes graves en Tandil y La Plata contra Oscar Castellano.
Logró tres campeonatos consecutivos con el Dodge 12, destacando por su ritmo constante, estrategias inteligentes y buena fortuna en suspensiones por lluvia, aunque la categoría buscaba equilibrio ante su dominio y lo presionó para cambiar a Chevrolet, vendiendo el auto a Johnny de Benedictis, quien tardó años en ganar.
En 1992, durante la definición del campeonato en el circuito de Lobos, Mouras lideraba la carrera por apenas 25 centésimas sobre Oscar Ventín cuando sus gomas lisas se bloquearon en la frenada, causando un choque tremendo que destrozó la trompa del auto y lo dejó apuntando hacia arriba en medio del polvo.
Lo llevaron al hospital de Lobos, donde intentaron reanimarlo con oxígeno pero no respondió, falleciendo ese 22 de noviembre mientras defendía el título y buscaba consagrarse con Chevrolet. Pilotos como Fabián Acuña lo recordaron como un referente leal, agresivo al frente y admirado por todos, dejando un legado eterno en el TC junto al Dodge 12.
Su hijo Roberto Mouras, nacido póstumamente, evoca la adrenalina del auto familiar, mientras excompañeros como Jorge Pedersoli y Hugo Mazacane destacan su adaptabilidad, amor propio y rivalidades que brillaron mutuamente, comparándolo con leyendas como Maradona.