Pitu, ex delincuente convertido en legislador, relató su infancia en un hogar humilde sin padre, viviendo en el departamento de su abuelo zapatero jubilado del Teatro Colón en Villa 6, Matadero, hasta los 12 años.
Tras la muerte del abuelo, tíos desalojaron a la familia judicialmente y Pitu vivió en la calle desde los 12 a 15 años con madre y hermanos, durmiendo en plazas, puentes y puertas de clubes. Robaba para sobrevivir y pasó ocho años preso.
Al salir en 2008, buscó trabajo ocho meses sin éxito por antecedentes penales, rechazado incluso en un shopping para limpiar baños pese a su explicación. La sociedad lo etiquetó como delincuente perpetuo, generando odio.
Recayó en adicciones pero se recuperó, llevando 11 años y 7 meses limpio. Las drogas convivían con la delincuencia para inhibir miedos al robar.
En su época más joven, evitó excesos en drogas para integrarse a grupos de "gente grande" que robaban organizados, ya que drogarse mucho los alejaba.