Lucas Mereles, cabecilla de la banda del millón preso en Unidad 40, usaba su celular autorizado para coordinar robos, recibir transferencias de botines y lavar dinero enviándolo a su novia Estefanía, identificada como Mi Amor en chats.
En mensajes, Estefanía se niega al principio a recibir plata de un robo a la abuela influencer de San Isidro, pero acepta una parte por deudas y la pasa a otro cómplice. Mereles confiesa haber "metido la gamba" choreando a la persona equivocada, prediciendo allanamientos y cayendo preso.
La banda acumula muertos en su historial, pero chats muestran llantos, corazones rotos y promesas románticas mientras planean más golpes. Presos viven como en barrios privados con LED, streaming y consolas, criticando que celulares permiten inteligencia criminal pese a higiene mejorada.
Durante COVID, se autorizaron celulares para visitas familiares, pero ahora sirven para delinquir sin control, con jueces resistiendo quitarlos como derecho adquirido.