Adrián Krupnik, investigador de la Universidad de Tel Aviv, explicó que la República Islámica de Irán surgió en 1979 de una revolución popular contra el Shah que derivó en una dictadura teocrática más dura liderada por el ayatolá Jomeini, exiliado en Francia.
Tras la muerte de Jomeini, Ali Khamenei asumió el poder en 1989 y creó instituciones paralelas como la Guardia Revolucionaria y la Policía de la Moral para sostener el régimen, que ahora lucha por su subsistencia tras el descabezamiento de su cúpula.
La sociedad iraní está dividida en tres tercios: un tercio partidario del régimen por intereses, otro opositor laico que protesta en las calles con creciente violencia aunque reprimido brutalmente, y un tercio tradicionalista oscilante.
El poder real reside en el Consejo Supremo y el ayatolá, por encima del parlamento y elecciones amañadas; las protestas carecen de liderazgo nacional y hay indicios de rebeldía como festejos por la muerte de Khamenei, pese al corte de internet.
Trump y Netanyahu llaman al pueblo a levantarse, pero los tiempos los define la dinámica local; nunca antes hubo una crisis así por intervención extranjera, y en conflictos previos ya se nombraron sucesores.